La procrastinación no es flojera, es un problema emocional

Escrito por: Sodexo Chile

¿Sabías que hasta los trabajadores más eficientes pasan por una fase de procrastinación? Pero, ¿cuáles son las causas? ¿Cómo podemos hacer que los trabajadores cumplan con tareas y plazos? 

Procrastinar es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas pero menos relevantes. Cuando procrastinamos, no solo somos conscientes de que estamos evadiendo la tarea en cuestión, sino también de que hacerlo es probablemente una mala idea. Y aun así, lo hacemos de todas maneras.

La vida moderna, tan cargada distracciones y estímulos nuevos, nos hace cada vez más procrastinadores, una tendencia que también se observa en el mundo laboral: comenzar las tareas lo más tarde posible, tras desperdiciar mucho tiempo en el comienzo del plazo asignado y llegar a la fecha límite sometido a elevados niveles de estrés.

¿Es un trastorno? No está reconocido como tal. Es solo una tentación en la cual la mayoría de las personas caen en algún momento. Y si bien todos procrastinamos, no todos somos procrastinadores. Estos últimos son quienes posponen sus obligaciones de manera recurrente. Es decir, los podríamos llamar “procrastinadores seriales”.

Sin embargo, es una paradoja pensar que quien procrastina es flojo porque la realidad es que no lo está pasando bien al “holgazanear”. De hecho, este sufrimiento es medible y está documentado por la ciencia.

Causas de la procrastinación: vínculos con el estrés y las emociones

Si bien no es un trastorno, los niveles elevados de procrastinación se asocian con problemas como aumento del estrés y la ansiedad, miedo al fracaso, bajo rendimiento laboral, entre otros.

Las causas no hay que buscarlas tanto en la pereza o en la mala gestión del tiempo, sino en dificultades para regular las emociones. La procrastinación tiene mucho que ver con la reparación del estado de ánimo en el corto plazo. Por ello, se trata de un proceso irracional, dado que la prioridad de sentirse bien en el momento presente se impone por sobre las consecuencias negativas que la persona sabe que deberá asumir después.

Una investigación publicada en la revista Psychological Science corrobora la idea de que la procrastinación no se trata de flojera ni de desorden en el manejo del tiempo sino que sería la consecuencia de tener unas conexiones cerebrales débiles. Tras escanear los cerebros de 264 personas a las que también encuestaron acerca de sus hábitos, llegaron a la conclusión de que los procrastinadores tienen más grande la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones y controla la motivación. 

En estos resultados, las comunicaciones entre esta amígdala y otra parte del cerebro, llamada córtex del cíngulo anterior, eran más débiles, por lo tanto, estas personas tienen mayores dificultades para eludir las emociones y distracciones. Si lo pensamos, tiene bastante lógica, porque no tiene ningún sentido hacer algo que sabemos que tendrá consecuencias negativas.

La naturaleza particular de nuestra aversión depende de la tarea asignada o la situación. Podría ser debido a que la tarea misma es poco placentera, pero también podría resultar de sentimientos más profundos relacionados con la tarea, como dudar de uno mismo, tener baja autoestima, sentir ansiedad o inseguridad. Cuando fijas la mirada en un documento en blanco, tal vez estás pensando: “No soy capaz de escribir esto. Pero, si lo hago, ¿qué opinará la gente de él?”.

Todo esto puede llevarnos a hacer a un lado el documento y ponernos a ordenar o limpiar. El problema es que los sentimientos negativos asociados a esta tarea pospuesta no se irán a ninguna parte: seguirán ahí y, además, le añadiremos la culpabilidad por hacerlo a última hora.

El problema es que, además de las consecuencias negativas en el trabajo, la procrastinación crónica nos traerá efectos destructivos para nuestra salud física y mental. 

Seis consejos para luchar contra la procrastinación

Estas son algunas claves para que los trabajadores sientan más importantes los beneficios de concretar una acción sin que parezca tan difícil de realizar.

  1. Visualizar la satisfacción de terminar una tarea y la tranquilidad que se sentirá en ese momento. Esto se podría motivar con la entrega de un beneficio o un refuerzo positivo relacionado con la concreción de tareas en las fechas establecidas.

  2. Contar a los demás lo que se va a hacer. Cuando alguien le dice a otra persona que va a hacer algo, se crea un compromiso a sí mismo que lo motiva a cumplir con la tarea "prometida", debido a que el sistema de recompensas del cerebro valora mucho la posición social y, por lo tanto, no quiere quedar como un flojo ante los demás.

  3. Evaluar las consecuencias negativas de la inacción. Generalmente se valoran los aspectos a favor y en contra, pero no para analizar las consecuencias de no hacer algo. Pensar en los posibles efectos negativos de la dilación (dejar para mañana lo que se puede hacer hoy) resulta, en ocasiones, el mejor aliciente para poner manos a la obra.

  4. Pensar en metas pequeñas e identificar el primer paso. Una vez que se sabe, es más simple pensar luego en el segundo, y después en el tercero. Pensar solo en el objetivo completo puede bloquear y contribuir con la dilación, pero si se piensa en metas pequeñas es más fácil avanzar.

Otra forma de combatir la procrastinación es aprovechar el efecto Zeigarnik, llamado así por la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik. Se trata de la tendencia del cerebro humano a recordar mejor las tareas inconclusas que las ya realizadas. Confiados en ese efecto, muchos especialistas recomiendan el truco de "solo unos minutos": iniciar la tarea que se debe realizar, como si fuera a hacerlo durante unos cinco minutos. 

Eso bastará, en teoría, para que el cerebro sea presa del efecto Zeigarnik y, de ese modo, sentirá una suerte de ansiedad por acabar el trabajo comenzado. Es decir, eludirá la procrastinación, en el mejor de los casos.

¿Qué pueden hacer los líderes de las organizaciones para que sus colaboradores terminen las tareas a tiempo? 

Según David Ballard, director del Centro para la Excelencia Organizacional de la Asociación Estadounidense de Psicología, es importante que los trabajadores tengan tiempo para cuidarse a sí mismos con ejercicio, una nutrición adecuada, durmiendo bien. 

Los departamentos de Recursos Humanos pueden apoyar a sus colaboradores entregándoles beneficios laborales enfocados en mejorar su calidad de vida.

Y en horario laboral, impulsarlos a que tengan espacios para salir, dar un paseo, despejar la mente, hacer pequeños descansos que pueden ayudar a aumentar la productividad y a recuperar el tiempo perdido. 

En conclusión, la procrastinación no es un defecto del carácter o la nula habilidad para administrar el tiempo, sino una manera de enfrentar las emociones desafiantes y estados de ánimo negativos generados por ciertas tareas: aburrimiento, ansiedad, inseguridad, frustración, resentimiento y más. Y al procrastinar, buscamos recompensas inmediatas que nos alivien la tensión, pero que a la larga se convertirán en un mal hábito.

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